martes, 19 de agosto de 2008
Publicado por Desconocido @ 22:54  | Comarca Minera y Mancomun
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El último escándalo humillante para la Mancomunidad de la Cuenca Minera (MCM) se ha centrado ahora con los impagos a la numerosa plantilla de ochenta trabajadores del ente supramunicipal. Concretamente con el impago de los salarios desde junio, incluyendo la paga extra (un total de 113.509 euros), aunque con el temor presente de que sea la tónica futura para los tiempos venideros de este maltrecho organismo.

 

Este nuevo suceso pone de nuevo en cuestión el sentido de existencia de este organismo de libre asociación y del trato que recibe tanto desde los partidos políticos de la cuenca como de los ayuntamientos que la integran. Es necesario replantearse, ante la coyuntura actual y analizando su recorrido, la cuestión mancomunada para acabar dándole sepultura o redefinir sus funciones y metas como institución al servicio real del ciudadano.

 

Sobre el actual problema de impago a los trabajadores habría que tener en cuenta  que es sólo la punta del iceberg. Desde la Delegación Provincial de Empleo en Huelva se está pretendiendo avalar un crédito (supercrédito) de 400.000 euros, una solución de pan para hoy y hambre para mañana que nos recuerda muy cercano a los últimos años de gobierno “socialista” en Nerva.

 

Pero ¿por qué no se pagan los sueldos? El principal lastre de la MCM para hacer frente al pago de los salarios de su plantilla y a otros gastos en general es la gran deuda que arrastran todos los ayuntamientos que la integran, aunque Minas de Río Tinto y Nerva, son las principales deudoras. Nerva concretamente ha entregado durante los diversos gobiernos socialistas la redonda cantidad de 0 patatero, pesetas y euros según los años. Sólo se ha efectuado dos pagos tras la entrada del gobierno independiente, aunque la precaria situación dejada por el niño “socialista”, nos hace estimar que haya sido una cantidad simbólica, la “voluntá”. Lo desconozco.

 

No se entiende cómo un organismo que supone una libre asociación de los municipios por razones geográficas, culturales o de otro aspecto no cuenta con el respaldo de los mismos ayuntamientos que firmaron su adhesión. ¿Para qué se une uno a algo que no valora? ¿Qué fue, un efecto político del que nadie se quería desmarcar pero en el que pocos han creído en él?

 

La MCM, por lo poco que se da a conocer entre los ciudadanos, sabemos que gestionan servicios públicos como el de abastecimiento de agua para todos los municipios que la integran (salvo Nerva, donde algunos buscaron el negocio ellos mismos) y por otro lado, gestionan los recursos que les llegan de distintos programas de desarrollo y de empleo.

 

Esa gestión de recursos para programas de desarrollo y empleo ha sido la tarea fundamental de la MCM. Programas que pagaban generosamente los programas de desarrollo regional de la Unión Europea, a parte de algunos desde la Junta de Andalucía. Durante años, la MCM ha contado con abundantes fondos y en esa abundancia algunos han trabajado en dirección opuesta al de interés general.

 

Pues en esos años felices, la MCM se fue “sobredimensionando la plantilla,  convirtiéndose en una institución que más que responder a las necesidades ciudadanos, han venido a respondiendo a las necesidades políticas de de contratar a gente afín al partido socialista, en la mayoría de los casos saltándose todos los procedimientos de contratación”, según el responsable provincial de Política Institucional, Francisco Javier Camacho. Según este miembro de IU de Huelva, “las mancomunidades no pueden ser estructuras gigantescas para gestionar nada, en las que vale más el collar que el perro”. Tenemos ejemplos claros y parecidos a los de Nerva como el cargo de “asesor” que cobra dos mil euros mensuales sin tener función clara definida.

 

El nuevo panorama ya no da lugar a excesos de ningún tipo. Las ayudas de desarrollo regional europeo se van alejando a la Europa Oriental y, como dijo el político agorero, Juan Márquez, Ex-delegado Provincial de Empleo en Huelva cuando inauguró un nuevo taller de empleo: “trenes como éste no pasarán más”. Las cosas se ponen feas desde la UE y desde la misma Junta de Andalucía, que olvida nuevamente más a esta zona que tantas penas y glorias le dio.

 

Y si no llega dinero para proyectos con los que se pagaban los sueldos de la plantilla de la CMC y los sueldos de los convenientes cargos directivos que se repartieron al estilo colonista de África; y si desde los mismos ayuntamiento, que libremente están en ella,  tampoco se paga lo que se debe, ¿cómo se va a seguir pagando esa numerosa plantilla? ¿cómo se va a mantener viable a este organismo?

 

Si se ha pedido un crédito de 400.000 euros para pagar 113.509 euros que corresponde a dos meses, ¿cómo afrontarán los siguientes meses y el pago de ese crédito con intereses, cuando se coman ese crédito? ¿con otro crédito? ¿No nos suena esto a las artes de la buena gestión que se hacía en Nerva? UGT-Huelva ya aseguró, respecto a las soluciones al conflicto que “la Diputación y la Junta sólo pueden anticipar el dinero del cobro de los presupuestos de otros años pero se está gastando liquidez del 2012, 2013 o incluso 2015”. Si no tenemos dinero ahora, ¿qué pasará en esos años? Supuestamente la solución vendrá con el cumplimiento riguroso de los ayuntamientos para pagar sus cuotas pero ¿es justo? ¿es justo que nuestros ayuntamientos no cuenten con ese dinero que no va a proyectos de desarrollo sino para pagar unos sueldos astronómicos de cargos sin servicio público?

 

Yo, como ciudadano, no conozco cuáles son las actuaciones o el espíritu de la MCM fiel síntoma de que los ciudadanos estamos distanciados y ajenos a los acuerdos y acciones que toma este organismo. La MCM se creó para prestar mejores servicios a los ciudadanos compartiendo recursos entre los Ayuntamientos y cada vez esto se pone más en cuestión. Del mismo modo, para cuestiones importantes como una conciencia de comarca y trabajar por un gran polígono industrial en la zona, no somos capaces de ponernos de acuerdo y cada cual barre para su casa.

 

La MCM debería de poner sobre la mesa su propia continuidad, solicitando la renovación de su adhesión por los ayuntamientos o la marcha de éstos que no crean en él ni cumplan con sus deberes. Su relación con el ciudadano también es una cuestión fundamental a tratar: deben de hacerse más accesible y que nos sintamos implicados con ella, aún siendo un organismo de ayuntamientos.

 

Los problemas de la Mancomunidad, lamentablemente, no son sólo de mala gestión sino además de credibilidad en ella, y en esto la solución es más difícil de conseguir en las duras conciencias de nuestros políticos.


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